AFP
Washington, Estados Unidos

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se convirtió en esos «perdedores» que detesta y se ve amenazado por acciones legales, pero su negativa a admitir su derrota ante Joe Biden puede ser una apuesta política.

Aunque el recuento de votos no ha concluido, los republicanos multiplican sus recursos judiciales y el propio Trump acusa a los demócratas de haber «robado» la elección, pero sin presentar pruebas.

«Los rasgos que permitieron a Donald Trump establecer su modelo autoritario en la presidencia -arrogancia, brutalidad y la idea de que debe ser defendido de sus enemigos- torna ahora difícil que acepte la derrota», según Ruth Ben-Ghiat, profesora de historia de la universidad de Nueva York.

«Es más fácil decir que la elección fue amañada que admitir que sus políticas fueron rechazadas por una cantidad suficiente como para garantizar su derrota», dijo esta académica especializada en líderes autoritarios.

Admitir la derrota sería «una humillación pública», añadió.

El psicólogo John Gartner describió a Trump como un «narcisista maligno» y dijo que podría aplicar una política de «tierra quemada» durante la transición hacia la investidura de Biden, el 20 de enero del año que viene.

Ciertamente «perdió poder sobre el pueblo» pero mantiene «el apoyo de partidarios fanáticos que son peligrosos», añadió.

– Los «perdedores» de la guerra –

Trump se ha negado a decir si cederá pacíficamente el poder.

«Debe asegurarse de no ser visto como un ‘perdedor’, sino como una víctima de fuerzas del ‘Estado en la sombra’ que se unieron desde que llegó al poder», afirma Lawrence Douglas, profesor de derecho de la universidad Amherst y autor del libro «¿Se irá?», una obra sobre Trump publicada recientemente.

Esto se debe a que Trump heredó el carácter «dominante» de su padre, según su sobrina, la psicóloga Mary Trump, autora de un libro sobre el clan familiar.

A su juicio, el mandatario aprendió a «mentir para hacerse valer» tras presenciar las humillaciones sufridas por su hermano mayor y eso lo convirtió en un narcisista mentiroso.

En septiembre, la revista The Atlantic afirmó que en 2018 el presidente calificó de «perdedores» y «tontos» a los soldados estadounidenses muertos en la Primer Guerra Mundial.

Tanto Trump como la Casa Blanca negaron esa información que parece ser el eco de afirmaciones similares hechas en la campaña de 2016.

– La «marca» Trump –

Trump atacó públicamente al fallecido senador republicano John McCain, héroe de la guerra de Vietnam en la que fue hecho prisionero y torturado durante más de cinco años.

«Es un héroe porque fue capturado. A mí me gustan los que no son capturados», había dicho Trump.

Además de las característica personales, la reticencia a admitir la derrota podría tener un origen más prosaico. Por que una vez fuera de la Casa Blanca sus problemas judiciales podrían ser más complicados.

En Nueva York es objeto de dos investigaciones que podrían terminar en demandas judiciales: una por fraude fiscal, fraude en seguros y manipulaciones contables y otra por préstamos y ventajas fiscales fraudulentas.

También varias mujeres lo denunciaron por acoso o agresiones sexuales.

Asimismo, tras haber recibido más de 70 millones de votos, mantiene una postura de hombre fuerte que podría servirle para volver a postularse a la presidencia en 2024, cuando tendría 78 años.

«Me inclino por que el presidente se mantendrá involucrado en la política y lo pondría absolutamente en la lista de personas que probablemente se postularán en 2024», dijo su exjefe de gabinete de la Casa Blanca Mick Mulvaney.

Durante cuatro años, Trump «logró tejer y fortalecer un rencor compartido con su electorado», dijo Douglas. Y pese a la derrota, la «marca» Trump atraerá partidarios, estimó.