20Octubre2017

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Sigue enfrentamientos entre Kim Jong y Donald Trump.

SEÚL. La crisis entre Estados Unidos y Corea del Norte ha pasado de ser una guerra de palabras entre países a un enfrentamiento personal entre sus mandatarios, iniciado por el estadounidense a quien el norcoreano le sigue la corriente.

Déjese de lado por un momento el intercambio de insultos _“Hombre de Cohetes” por parte de Trump el martes, “estadounidense senil mentalmente trastornado” por parte de Kim Jong- un el viernes_. Lo destacable es el tono de la respuesta de Kim en primera persona, la primera en su tipo desde el Norte, según Seúl.

La advertencia personal de Kim va dirigida directamente a Trump. A pesar de los insultos, generalmente evita los alaridos histriónicos característicos de la propaganda norcoreana al exponer una visión que resultará aterradora para buena parte del mundo.

Hace tiempo los líderes norcoreanos dejaron a la servil prensa oficial y los funcionarios de menor categoría la tarea de lanzar las amenazas de destrucción contra Washington, Seúl y Tokio. Entonces llegó Trump.

El afán del presidente de retar a Kim con un lenguaje notablemente similar al de la propaganda norcoreana alcanzó su aparente apogeo el martes cuando juró desde la tribuna de la ONU “destruir totalmente Corea del Norte” en caso de ser provocado. A esto siguió su tuit del viernes en el cual dijo que Kim era “evidentemente un loco”.

En un país donde la dinastía Kim goza de un estatus rayano en la divinidad, la decisión de Kim de entrar personalmente en el toma y daca elevó las apuestas muy por encima del nivel de propaganda antiestadounidense que llega habitualmente al común de los norcoreanos.

Es verdad que las declaraciones de Kim salieron a través del filtro de la prensa estatal. Pero es inconcebible que semejante declaración llegara al mundo sin la aprobación del líder supremo.

La declaración de Kim parece indicar la inminencia de nuevos ensayos de armamentos, una perspectiva alarmante dado que el Norte siempre está dispuesto a respaldar su retórica belicosa contra Trump con hechos.

Últimamente ha ensayado dos misiles balísticos intercontinentales que con un poco de perfeccionamiento podrían alcanzar el territorio continental estadounidense. Ha lanzado dos misiles de alcance intermedio que sobrevolaron Japón y ha realizado su sexto ensayo nuclear, el más poderoso hasta el momento.

Kim dijo que las declaraciones del presidente, “lejos de asustarme o detenerme, me han convencido de que el camino que elegí es el correcto y es el que debo seguir hasta el final”.

En la traducción al inglés algo afectada provista por la prensa estatal, Kim dijo que su país está estudiando “una contramedida correspondiente del más alto nivel de intransigencia en la historia”.

Horas después, el ministro de Exteriores norcoreano, citando la frase sobre el “más alto nivel”, dijo a la prensa en Nueva York que Kim tal vez apuntaba a un plan para ensayar una bomba de hidrógeno en el Pacífico. Ri Yong Ho no entró en detalles y dijo que nadie sabía cuál sería la decisión del líder.

Si se refería a la detonación atmosférica de una bomba nuclear, algo que no sucede desde un ensayo chino en 1980, sería una provocación extraordinaria para Washington, que elevaría las probabilidades de una represalia.

“Hablamos de colocar una ojiva nuclear armada en un misil que ha sido ensayado unas pocas veces”, dijo Vipin Narang, experto en estrategia nuclear en MIT. “Es aterrador si algo sale mal”.

Por el momento, la pequeña y empobrecida Corea del Norte ha logrado un triunfo internacional en las relaciones públicas al atraer al hombre más poderoso del mundo a una guerra de palabras directa con su líder.

Las amenazas de Trump han dado a Pyongyang lo que más desea: la oportunidad de mostrar a Kim enfrentando cara a cara a Estados Unidos.